Luis Rodríguez Patiño es un cura poco convencional. Se ocupa de media
docena de parroquias rurales en los límites entre A Coruña y Lugo de
Galicia, España, y más de una vez ha saltado a los titulares por
declaraciones que le han costado muchas reprimendas de la curia
episcopal.
Este año, ha decidido precintar uno de los belenes del templo de
Cambás, una parroquia de la localidad coruñesa de Aranga porque, según
ha explicado a Efe, el niño Jesús “encarna los problemas del ser humano”
y por tanto, en estos tiempos, sería “un desahuciado más”. “Sus padres
eran gente humilde y no encontraría un lugar donde venir al mundo”,
razona.
Patiño ha precintado la puerta del tradicional portal de Belén de la
parroquia con una cinta policial y ha colocado en el suelo pegatinas de
la plataforma Stop Desahucios.
Con mucha ironía, Rodríguez Patiño “agradece” al Vaticano que haya
sacado a la mula y al buey del portal de Belén y opina que ambos
animales “encarnaban a los banqueros (bueyes) y políticos (mulas)
disfrazados”. Opina que estos dos colectivos presumen a menudo de buenos
cristianos pero que no se comportan como tal y ha instado al Papa a
“excomulgarlos”.
Original sin duda la idea y también me solidarizo con ella.
viernes, 30 de noviembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
Twitter nació de un fracaso
No siempre las historias de éxito tienen que empezar con grandes
números o éxitos desorbitados para que finalmente se conviertan en algo
realmente genial. Evan Henshaw-Plath, co-creador de Twitter, ha
explicado en EmTechSpain que la plataforma de microblogging nació de un
rotundo fracaso.
En un momento de alto paro, varios amigos pusieron en marcha un
proyecto para reinventar la radio clásica y crear una plataforma de
radio por Internet, de podcasting. Trabajaron 16 horas al día y 7 días a
la semana, y así nació Odeo.com. Y aunque las críticas fueron muy
buenas, y los inversores optimistas, los usuarios no llegaban y,
finalmente Apple integró el software iTunes para oír la radio. Luego,
tras una hackertón (reunión de programadores y diseñsdores para generar
ideas y prototipos), el proyecto del microblogging empezó a tomar forma.
Al principio era bastante diferente a la red social que hoy conocemos. “Para empezar no tenía vocales”, comenta con cierta ironía Henshaw-Plath. Aquel Twttr era una especie de “acosador de amigos”, que estaba pensada para enviar mensajes cortos a todas horas y de cualquier cosa. Se usaba solo vía teléfono móvil – de ahí la limitación de 140 caracteres, que venía dada por el tamaño de los sms- y era de pago. Tenía pocos usuarios, pero eran muy fanáticos y lo usaban a todas horas.
Los inversores consideraron que la idea era una “estupidez” y se retiraron, pero “un miembro del equipo llamado Evan Williams, que tuvo la suerte de vender años antes a Google su primera empresa (en realidad, como cualquier emprendedor, su primera empresa no fracasada, que quizás fue la quinta), decidió comprar la plataforma por 3 millones de dólares” aclara Heshaw-Plath. Como la idea gustaba mucho entre los informáticos, se creó un sistema interno para usarlo en ordenadores y poder chatear entre programadores.
Luego le agregaron las vocales y al final nació Twitter, que a partir de un conocido festival de música en EE UU empezó a tener un uso masivo, dejó la etiqueta de fracaso y se transformó en éxito. En total, 3 años de trabajo, prototipos tirados, cambios de rumbo, etcétera. “La gran idea inicial raramente existe”, concluye el narrador de esta historia.
Lo que se aprende de la historia de Twitter, según Henshaw-Plath, es que “del fracaso se aprende; se aprende a innovar descartando ideas que no funcionarían, tirando prototipos, equivocándose…”
Al principio era bastante diferente a la red social que hoy conocemos. “Para empezar no tenía vocales”, comenta con cierta ironía Henshaw-Plath. Aquel Twttr era una especie de “acosador de amigos”, que estaba pensada para enviar mensajes cortos a todas horas y de cualquier cosa. Se usaba solo vía teléfono móvil – de ahí la limitación de 140 caracteres, que venía dada por el tamaño de los sms- y era de pago. Tenía pocos usuarios, pero eran muy fanáticos y lo usaban a todas horas.
Los inversores consideraron que la idea era una “estupidez” y se retiraron, pero “un miembro del equipo llamado Evan Williams, que tuvo la suerte de vender años antes a Google su primera empresa (en realidad, como cualquier emprendedor, su primera empresa no fracasada, que quizás fue la quinta), decidió comprar la plataforma por 3 millones de dólares” aclara Heshaw-Plath. Como la idea gustaba mucho entre los informáticos, se creó un sistema interno para usarlo en ordenadores y poder chatear entre programadores.
Luego le agregaron las vocales y al final nació Twitter, que a partir de un conocido festival de música en EE UU empezó a tener un uso masivo, dejó la etiqueta de fracaso y se transformó en éxito. En total, 3 años de trabajo, prototipos tirados, cambios de rumbo, etcétera. “La gran idea inicial raramente existe”, concluye el narrador de esta historia.
Lo que se aprende de la historia de Twitter, según Henshaw-Plath, es que “del fracaso se aprende; se aprende a innovar descartando ideas que no funcionarían, tirando prototipos, equivocándose…”
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